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Construcción de Mandalas

 

La meta suprema en el Budismo es obtener la misma Iluminación que Buda. Esto implica un proceso de transformación progresiva del cuerpo, la palabra y la mente.

 

En particular, el Vajrayana o Vehículo Tántrico, la enseñanza más elevada de Buda, ante todo está diseñada para acelerar el cultivo de la compasión, pero en este proceso existe una enorme profundización de la sabiduría y la comprensión. De esta manera, el Bodhisatva evoluciona vida tras vida ayudando a los seres para llegar a ser él mismo finalmente un Buda.

 

Los Tantras -que literalmente quiere decir "contínuo"- se desarrollaron en la India Budista a través de grandes colecciones de textos de prácticas y comentarios. Dentro de las cuatro clases de Tantras característicos, que enseñan prácticas para acelerar el camino hacia la completa budeidad, hallamos las prácticas de las divinidades simbólicas y sus respectivos mandalas, en orden progresivo.

 

El Anuttara-yoga-tantra, el Tantra de la Unión Insuperable, asegura que la obtención de la Budeidad es posible en el curso de una sola vida humana, es decir, durante el tiempo de duración de vida de un único cuerpo burdo. Dentro de las sofisticadas artes meditativas del Budismo, el mandala es considerado la mansión mística que representa el universo perfecto de Buda.

 

El mandala es un universo totalmente purificado que puede ser utilizado en el contexto de las prácticas meditativas, para transformar nuestro entorno, nuestro hábitat o nuestra mente.

 

Una definición básica para la palabra sánscrita mandala es muy simple: quiere decir circulo, rueda o también la totalidad, etc. En tibetano usamos la expresión kilkor, kil es centro y kor la periferia. Kil se refiere a las divinidades centrales y kor a las divinidades periféricas o al entorno.

Dichas divinidades residen dentro de un palacio celestial (tib. shelyekang, sánsc. vimana) completamente simétrico: con cuatro puertas, en un cuadrado formado por cuatro muros, y cinco zonas de diferentes colores, cada característica corresponde a aspectos específicos de la divinidad principal, y de esta manera, a la mente iluminada del meditante.

Por lo tanto, el mandala representa el estado puro del ser y la percepción que abarca a todos los fénomenos. El palacio celestial en sí y las divinidades que habitan dentro de él simbolizan los estados puros de los cinco agregados del meditante, los cinco elementos, etc.

 

Cuando los mandalas son representados artísticamente, o simbólicamente, toman una forma bidimensional, sobre una tela, o confeccionados con arena coloreada; o sino son construídos en forma tridimensional, por ejemplo en madera o arcilla.

 

La visualización de un mandala en forma tridimensional juega un rol clave en la meditación tántrica durante la llamada "fase de creación" -kyerim-. Por lo tanto, es importante recordar que un mandala tántrico dentro de la tradición budista, nunca es visualizado sin la presencia de la divinidad relacionada con él. Por lo lado, las divinidades nunca son percibidas como manifestaciones existentes independientemente, fuera de la mente iluminada.


Todas las fotos corresponden a la confección del mandala que se llevó a cabo en Buenos Aires, Argentina durante la visita del M.V. Lama Sherab superior del Monasterio de Kagyu Ling, Francia, con la colaboración de los Lamas residentes de Argentina y Brasilia.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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